Juan Moreira
Juan Moreira Cuando Moreira entró a la pulperÃa, el Pato picaso estaba contando proezas de valor que hacÃan abrir la boca a los que las escuchaban, porque el Pato picaso tenÃa fama bien adquirida de hombre de entrañas, y era mozo que en una ocasión habÃa peleado a media partida de plaza, haciéndose perdiz en seguida.
Moreira tomó mal olor a la cosa y resolvió tenderse afuera, al lado de su overo, por lo que pudiera tronar.
Asà es que pidió una ración para el caballo, un pedazo de carne para el Cacique y salió al patio para repartÃrsela y quedarse entre ellos a dormir.
—¿Por qué no se sirve de algo, paisano? —le dijo el Pato picaso al ver que se alejaba dando las buenas noches en señal de que no iba a volver a entrar.
—Gracias, amigo —habÃa respondido Moreira—; estoy muy cansado y voy a hacer noche porque mañana temprano sigo viaje.
El Pato Picaso concluyó la narración de la aventura que contaba, y la conversación recayó sobre el recién venido, comentando sus modos y lujosas prendas.
—Ese es un mozo que debe venir de tierra adentro —dijo uno de los paisanos—, porque esta tarde ha vendido a don Cirilo una tropilla de caballos orejanos.
—Habrá dado golpe a algunos pobretes —replicó el Pato picaso, que habÃa bebido mucho esa noche—, y ha venido a engordar su tirador con su producto.