Juan Moreira
Juan Moreira El amigo Francisco no volvió a aparecer por el rancho de Moreira, pero mandó emisarios que dijeron a Moreira que sentÃa infinito lo que habÃa sucedido y que querÃa olvidar lo pasado.
Ya hemos dicho que Moreira tenÃa bellÃsimas prendas de carácter: su corazón era incapaz de guardar por tanto tiempo la idea de una venganza y fue él mismo a estrechar la mano del amigo Francisco y a convidarlo para el bautismo de Juancito, que debÃa celebrarse el próximo sábado.
Ese dÃa llegó, alegre para todo el sencillo vecindario del apreciable gaucho; hubo carne con cuero y baile de noche; se echó la casa por la ventana y la ginebra y el licor anduvieron por alto, alternados con el mate y las guitarras, pues cada amigo habÃa caÃdo con la suya, para amenizar el baile del amigo Moreira A la cara hermosa del paisano asomaba toda la felicidad que aquel hijo habÃa derramado en su alma, haciéndolo renacer: cantó toda la noche, y en medio de los más frenéticos aplausos cepilló un malambo que daba mil gustos, según la expresión caracterÃstica.
Moreira se excedió en la bebida un tanto, lo que fue motivo de mayor alegrÃa y algazara; pues según los que lo han tratado, cuando estaba divertido, era cuando se le veÃa más alegre y accesible a todo género de bromas.