Juan Moreira
Juan Moreira Aquel baile hizo época en el partido, porque duró dos noches y el dÃa que a éstas separara.
Fue siempre en medio de la más franca y cordial alegrÃa, pues cuando algún invitado se mamaba, era conducido al pequeño bosque donde dormÃa a su gusto y de donde regresaba al baile.
Asà fue bautizado el pequeño Juan Moreira, abriendo una nueva faz al espÃritu del padre, que se habÃa vuelto más contraÃdo aún en el trabajo, pues ya tenÃa un porvenir que labrar.
Las hostilidades, suspendidas por el teniente alcalde, volvieron a hacerse sentir con pequeñas miserias.
Un dÃa fue llamado por el amigo Francisco, quien le notificó que tenÃa que pagar cuatrocientos pesos de multa, porque dos vacas de su propiedad habÃan andado haciendo daño en los sembrados de trigo.
Moreira palideció de ira, buscó en la cintura el sitio de la daga, pero la silueta de su hijito cruzó por su imaginación y se contuvo.
Pagó la multa y se alejó de aquella «casa de justicia», sintiendo en su corazón que la misma idea de venganza que lo hiciera latir aquel dÃa que estuvo en el juzgado, volvÃa a renacer más poderosa.