Juan Moreira
Juan Moreira —Más Juan Moreira es el peludo que tenés —replicó el soldado, que creÃa habérselas con un borracho—. Lárguese de aquÃ, so zonzo, antes que le rompa el alma.
—¡Que salga la partida! —gritó de nuevo Moreira, golpeando fuertemente la puerta con el rebenque—. Que salga de una vez, o le prendo fuego al juzgado.
El sargento y dos soldados más que dormÃan en el interior habÃan acudido a los golpes y consultaban entre sà el partido que debÃan tomar, porque indudablemente el que golpeaba asà la puerta, no podÃa ser otro que Moreira, único capaz de semejante rasgo de audacia.
Los soldados resolvieron no abrir la puerta, visto el enemigo que estaba del otro lado, siendo el sargento el que tomó la palabra para decir a Moreira:
—Amigo, vuelva mañana, porque el juez está en su casa y nos ha dejado orden de no abrir la puerta a nadie.
—¡Vaya a la maula, so flojo de porra! —gritó Moreira dominado por la ira—. ¡En la primera ocasión les he de sacar los ojos a azotes! Y volviendo el caballo salió al galopito corto, llenando de injurias e insolencias a las personas que, asustadas, se asomaban a las ventanas atraÃdas por el ruido descomunal.