Juan Moreira
Juan Moreira Ansioso de buscar camorra para engañar o concluir con la desesperación que lo dominaba, Moreira golpeó en todas las pulperías que halló al paso, nombrándose para hacerse abrir, pero todas las puertas permanecieron cerradas sin que siquiera una voz se atreviera a responder a su llamado.
Moreira, desesperado y maldiciendo de su vida, tomó al galope largo el mismo camino que había traído, en dirección al 25 de Mayo, donde era menos conocido.
A la irritación había sucedido una calma completa y el paisano se puso a reflexionar, mientras marchaba, que no debía hacerse matar antes de haberse vengado.
Al amanecer se detuvo en una pulpería, donde dio de comer a su gente y tres horas de descanso a su caballo, al cabo de las cuales se puso de nuevo en camino, a pesar de las invitaciones del pulpero que, habiéndole conocido, quería obsequiarlo a todo trance.
Moreira marchó todo aquel día en pequeñas jornadas al fin de las cuales hacía descansar a su caballo para que se repusiese del último galope, que había sido serio.
A la caída de la tarde se volvió a bajar en otra pulpería, donde dio de cenar al caballo y al Cacique, cenando él mismo y asentando cada bocado con un trago descomunal de ese brebaje espantoso que en las pulperías de campaña se permiten llamar pomposamente vino carlón.