Juan Moreira
Juan Moreira En la pulperÃa encontró muchos paisanos que lo conocÃan, con quienes entabló alegre plática, concluyendo por mamarse.
Ya hemos dicho que, bajo la influencia del vino, Moreira era más alegre y más accesible a todo género de bromas, que devolvÃa con suma vivacidad.
Allà contó su vida y milagros en los toldos, y aseguró que no pensaba llamarse a silencio, hasta pelear a una partida de vigilantes de la misma policÃa de Buenos Aires, porque ya los policianos de campaña le daban asco y no servÃan siquiera para hacerle dar rabia.
SerÃan poco más o menos las dos de la madrugada, cuando Moreira pagó el gasto de todos, con plata de los indios, según dijo, y se alejó perezosamente hacia el 25 de Mayo, de cuyo pueblo estarÃa apenas a unas cuatro leguas de distancia.
HacÃa una hora que habÃa amanecido, cuando el paisano, después de una jornada de dos leguas, se detuvo en la última pulperÃa a dar de comer bien al caballo y al perro, proporcionándoles un buen descanso, porque la partida de aquel pueblo estaba con la sangre en el ojo y tal vez quisiera prenderlo.
Es sabido que el gaucho errante tiene un amor en cada pago, y cien amigos en cada palmo de tierra, que le avisan los movimientos de las partidas que andan en su persecución y le indican los sitios donde puede ocultarse con menos probabilidades de ser hallado.