Juan Moreira
Juan Moreira Y Moreira, cuyas desgracias eran simpáticas a todos los paisanos, recibía en cada pulpería una crónica detallada de lo que había dicho el Juez de Paz y de lo que pensaba hacer la partida, según lo que en la trastienda había hablado el sargento Fulano o el soldado Mengano.
En aquella pulpería supo Moreira que la muerte del Pato picaso había puesto en movimiento a los policianos de la partida, porque se sabía, por la reclaración de los compañeros, que el que había hecho esa hazaña era Moreira, que había regresado de los toldos.
Moreira no hizo caso de las advertencias que le hacían para que se alejara de aquellos pagos; se puso a tocar la guitarra mandando echar una vuelta general de lo que gustasen, que él pagaba por todo lo que se bebiera aquel día.
La jarana se armó de lo fino.
Moreira se había apoderado de la guitarra y había empezado por echar unas hueyas, concluyendo por rasguear el malambo más quiebra, que cepillaron la mayor parte de los concurrentes, que estaban garuados los menos y completamente divertidos los más.
Durante el día iban cayendo a la pulpería infinidad de paisanos, que tomaban cartas en la jarana y se iban quedando donde encontraban los dos grandes elementos de una verdadera fiesta: guitarra y coperío a discreción.