Juan Moreira
Juan Moreira Ya Navarro empezaba a desesperar del éxito de su empresa, por no dar con el hombre, cuando supo que en una pulperÃa, como a dos leguas de distancia, estaba un forastero que habÃa llegado esa mañana y armado un baile con coperÃo, en el que ya habÃa unos cuantos mozos divertidos.
—Puede ser que ése sea —dijo Navarro, y tomó el camino de la pulperÃa indicada, seguido de los diez soldados que, creyendo que pudieran hallar allà a Moreira, habÃan perdido la mitad de los brÃos y empezaban a no creer que aquel hombre tan flaco y tan charlatán pudiera con Juan Moreira y llegara hasta prenderlo.
Animado y alegre, Navarro seguÃa andando hacia la pulperÃa, sin notar el desaliento que empezaba a dominar a su tropa y manteniendo a los viejos caballos patrias, en un trote sostenido, porque querÃa conservarlos frescos para el caso previsto por él, de tener que perseguir a Moreira, que ya le habÃan dicho que andaba muy bien montado.
Cuando avistó la pulperÃa hizo hacer un altito a la gente para cinchar y tomar esas pequeñas precauciones a que el soldado está habituado antes del combate.