Juan Moreira
Juan Moreira Fue entonces que el paisano que habÃa traÃdo la noticia a Moreira de que lo andaban buscando, y quien de cuando en cuando salÃa a divisar el campo, vio la partida, y entrando a la pulperÃa todo espantado dijo a Moreira que huyera, porque hacia allà venÃa la partida, como de doscientos por lo menos.
—No me hago a un lado de la huella, ni aunque vengan degollando —dijo alegremente el paisano suspendiendo la relación de un gato que echaba en ese momento—. Este dÃa —agregó—, tengo ganas de pelear para que no se vaya sin verme ese veterano que las viene echando de bueno, porque a la fija no me conoce —y salió a ver la gente que venÃa.
El sargento y los soldados se habÃan puesto en marcha de nuevo, muy desalentado el primero por la presencia de aquella gente, pues a estar allÃ, Moreira huirÃa precipitadamente.
—Aquel overo bayo que está en el palenque con un perrito arriba —dijo a Navarro uno de los soldados— es el caballo de ño Juan Moreira.
—Prenda que será mÃa desde hoy —respondió Navarro—, porque su dueño no lo va a necesitar más y aunque lo necesitase, serÃa lo mismo, porque se la voy a quitar.
Los milicos se miraban asombrados al ver la serenidad de aquel hombre a quien empezaban a tener lástima, porque presentÃan su triste fin.