Juan Moreira
Juan Moreira La sola vista del caballo de Moreira descompaginó por completo a la partida, viendo que el trance duro se acercaba y que habÃa que hacer de tripas corazón.
Cuando la partida llegó a la pulperÃa, Moreira habÃa ya montado sobre su overo, después de revisar con suma ligereza los gatillos de sus enormes trabucos.
Con la rienda recogida y el poncho enrollado al brazo izquierdo, esperó tranquilo que le dirigieran la palabra, como si no fuera él a quien buscaban.
El sargento Navarro se dirigió resueltamente a Moreira.
No tenÃa más arma que un sable de caballerÃa que pendÃa de su cintura, arma que consideraba más que suficiente para prender al gaucho, por estar hecho a ella hacÃa muchos años.
Los soldados se habÃan detenido un poco atrás dominados por la situación, y esperaban que Navarro les indicase lo que habÃan de hacer, aunque ellos hubieran preferido disparar.
—¿Es usted Juan Moreira? —preguntó el sargento al paisano, examinando a Moreira con una mirada rápida y sumamente penetrante.
—¿Qué dice, don? —contestó éste, clavando sus negros ojos en los del sargento y revolviendo el caballo de manera de no presentar ninguno de los flancos—. Ese tal soy yo, para lo que guste mandar.