Juan Moreira
Juan Moreira El pago no se efectuó, y Moreira entabló su demanda ante el amigo Francisco, que mandó buscar a Sardetti.
Fuera que éste se hubiera entendido con el teniente alcalde, fuera simplemente obra de su mala fe, Sardetti negó la deuda, asegurando que no debÃa a Moreira un solo peso.
—¿Y a qué viene entonces tanta mentira? —preguntó hostilmente el teniente alcalde—. ¿Por qué vienes a cobrar un dinero que no es tuyo?
—Cobro mi plata que he prestado —replicó Moreira trémulo de ira—, y la cobro porque la necesito; este hombre quiere robarme si dice que no me debe y yo entonces vengo a pedir justicia.
—La justicia que te he de dar es una barra de grillos, ladrón, que vienes a contar bolazos.
Al sentirse tratar asÃ, Moreira tembló, miró a aquellos hombres de una manera feroz y llevó la mano a la espalda, mano que retiró vacÃa porque conociéndose se habÃa tenido miedo a sà mismo y habÃa dejado en su casa las armas.
—¿Quieres decir que no me debes nada? —preguntó trémulo a Sardetti, que palideció, pero que contestó secamente:
—¡Nada!
—¿Y usted no quiere hacer que me pague? —preguntó, dirigiéndose al teniente alcalde.