Juan Moreira

Juan Moreira

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Rico Romero comprendió que Blanco lo había oído y creyó que disimulaba de miedo, pues por nuevo que aquel hombre fuese en el pueblo, debía conocer quién era, y efectivamente ya Blanco sabía quién era Rico Romero y suponía que éste, por celos de reputación, trataría de buscar camorra.

Romero fue el único que no contestó al saludo del paisano, quien siguió haciéndose el desentendido y se puso a conversar con dos gauchos que estaban recostados al mostrador.

No habían pasado cinco minutos, cuando el gaucho, deseoso de pelear, empezó a dirigir a Blanco indirectas hirientes, que éste siguió pasando por alto.

Romero empezó a encolerizarse del poco efecto que hacían sus indirectas y, deseando probar de una vez a los paisanos la superioridad que tenía sobre el forastero, lo llamó y le dijo:

—Se me hace, amigo, que usted ha venido aquí sólo a asustar con la postura y que no ha de ser capaz de pararse conmigo adonde yo me pare.

—Será así, amigo —contestó Juan Blanco, sin dejar su postura perezosa y sonriendo siempre—; yo no puedo obligar a nadie que crea lo que no quiere creer.


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