Juan Moreira
Juan Moreira Allí se trasladó la fuerza de la Guardia Provincial, se allanó la casa y se practicó el más minucioso registro, llegándose en él a remover las pilas de pipas llenas y vacías, pero inútilmente, porque Moreira no apareció. ¿Se había equivocado la persona que llevó el aviso, o Moreira, avisado a tiempo, se había puesto en fuga precipitadamente? Ni una cosa ni otra: Moreira estaba allí con sus trabucos amartillados, dispuesto a hacer volar a los primeros que se le acercaran, pero no dieron con su escondite.
Dicen, y se ha probado, que Moreira había estado oculto en un sótano del aposento del mismo señor Olazo, cuya puerta estaba disimulada por una tira de alfombra puesta expresamente, y añaden que, cuando se retiró la fuerza, Moreira salió del sótano soltado una ruidosa carcajada.
—Con éstos no quiero pelear —decía, revelando toda su astucia—; porque no haría más que hacer el gusto a los que me quieren ver muerto. La partida es muy despareja y a la larga yo tendría que caer.
Se han de morder el codo los que han creído verme difunto a la fija.
Moreira huyó en seguida de Navarro y se decidió a rondar los campos hasta que se alejara de allí el coronel Garmendia y su gente.