Juan Moreira
Juan Moreira La presencia de Juan Moreira enfrió por un momento la alegrÃa que reinaba a su llegada, pero viéndolo parado en el umbral de la sala, en una actitud tranquila y humilde, poco a poco fue renaciendo la confianza, y la gente se entregó de nuevo al baile, en la seguridad de que Moreira, no siendo provocado, no intentarÃa nada perjudicial para ellos.
Moreira, cansado de estar mirando el baile, pidió permiso al dueño de la casa, de quien era conocido, y entró en el aposento de éste, que hacÃa las veces de ambigú.
Pocos momentos después entraba al baile y a aquella misma pieza el Sr. D. Manuel Caminos, entonces comandante militar de Lobos y hoy uno de los municipales más distinguidos de aquel hermoso pueblo, donde ha desempeñado la mayor parte del año que expiró hace poco las funciones de Juez de Paz.
El Sr. Caminos conocÃa a Moreira de nombre y por haberlo visto varias veces, y sabÃa la clase de hombre que era y lo que de él podÃa esperarse; asà es que al verlo se sorprendió.
—Dispense, señor —dijo Moreira—; si mi presencia lo ofende, me retiraré; pero ya que he venido aquà casualmente, voy a pedirle un servicio que usted me puede hacer.