Juan Moreira
Juan Moreira El señor Caminos se detuvo a escuchar al paisano, pudiendo hacer esto sin comprometerse, pues la autoridad de Lobos aún no habÃa dado orden de prisión contra él.
—Yo ando en el campo corrido por la suerte —siguió diciendo Moreira—; no tengo papeleta de resguardo, y quiero que usted me dé una como verdadero servicio.
El señor Caminos es naturalmente bondadoso, pero tiene también un carácter inflexible en el cumplimiento de sus deberes como funcionario público.
Por más que conociera la vida desgraciada de aquel hombre, comprendÃa que, sin mengua de su cargo, no podÃa darle la papeleta pedida.
No quiso tampoco prometer al gaucho lo que no habÃa de cumplirle, y aunque estaba sin armas, le dijo redondamente que no podÃa acceder a su pretensión.
—No sea malo, amigo; no me niegue la papeleta que le pido, que usted puede dármela sin compromiso alguno. ¿Por qué no me quiere hacer este servicio?
—Porque no puedo —añadió el señor Caminos—. Usted es un hombre perseguido por la justicia y yo no puedo entregarle una papeleta de guardia nacional, porque harÃa mal.