Juan Moreira
Juan Moreira —¡Nadie lo toque! ¡Déjenlo nomás venir! El borracho siguió avanzando hasta llegar donde estaba Moreira y metiéndole la daga por los ojos, le dijo:
—¡Saque, pues, so maula, y va a ver quién es el que lo provoca! Los asistentes a aquella escena vieron inevitable la muerte de aquel pobre hombre, pero no se animaron a terciar en la contienda, visto que el gaucho dijo que lo dejaran.
Cuando el borracho le cruzó la daga por la frente, queriendo obligarlo a defenderse, Moreira soltó una alegre carcajada, contentándose con darle un ponchazo en la cabeza, lo que concluyó de alterar la bilis de aquel nuevo Baco, quien esta vez acometió al paisano, marcando una puñalada a la altura del estómago.
Moreira entonces presentó el brazo izquierdo, cubierto por el poncho, y con una asombrosa facilidad desarmó al borracho, arrojando al patio la daga.
En seguida apareció armado de una bota, que era el objeto que ocultaba entre la manta, y dio con ella tan feroz tunda al que lo habÃa provocado que, según mentas, al vigésimo botazo se le habÃa pasado la mona por completo, quedando fresco como si en el curso de la noche no hubiera bebido otra cosa que agua helada.