Juan Moreira
Juan Moreira —Yo no me voy sin haber cumplido mi palabra y sin terminar lo que voy a hacer, y no tomo la copa del estribo, porque no quiero que mañana digan que lo que yo he hecho lo hice divertido, porque no tuve entrañas para hacerlo fresco.
El paisano viejo trató de persuadirlo de nuevo, haciéndole oÃr razones sencillas y tocantes, pero todo fue inútil.
Moreira estaba decidido a cumplir su palabra a pesar de todo, y no hubo razón que lo hiciera ceder.
—Concluyamos que es tarde —dijo levantándose de pronto—: Amigo Sardetti, vengo a que me pague los diez mil pesos o a cumplir mi palabra empeñada.
El pulpero vaciló, miró con espanto a Moreira, y dirigiendo una mirada de suprema súplica al paisano que habÃa tratado de disuadir a aquel terrible acreedor, respondió de una manera humilde y quejumbrosa:
—Yo no tengo plata, amigo Moreira; espérese unos dÃas, y le juro por Dios que le he de pagar hasta el último peso.
—No espero más —contestó el paisano con suprema altivez—, vengan los diez mil pesos o te abro diez bocas en el cuerpo, para que por ellas puedas contar que Juan Moreira cumple lo que promete, aunque lo lleve el diablo.
Y con mano segura desnudó su daga que brilló con un fulgor siniestro.