Juan Moreira
Juan Moreira Los paisanos habÃan quedado helados, Sardetti estaba más muerto que vivo, y Moreira, arrogante y altivo, con la daga en la mano y la manta de vicuña volcada sobre el brazo izquierdo, estaba allà como el ángel del exterminio.
—O pagas sobre el acto —dijo imperiosamente Moreira—, o te abro como un peludo.
—No tengo plata —balbuceó el pulpero en una especie de estertor, mientras el paisano que desde un principio habÃa tratado de evitar el lance se cruzaba delante de la daga de Moreira, diciéndole:
—No te pierdas, hermano, el gringo no vale la pena y vas a tener que huir del pago.
Moreira apartó al paisano con un ademán vigoroso, y, saltando al otro lado del mostrador, se lanzó sobre Sardetti con el brazo encogido y en ademán de tirar una puñalada.
Los paisanos cerraron los ojos para no ver aquello.
Cuando los paisanos abrieron los ojos creyendo que todo habÃa concluido, encontraron a Moreira todavÃa frente al pulpero.