Juan Moreira
Juan Moreira Moreira guardó su daga, tomó al Cuerudo la plata y estrechándole la mano con cierto desdén, volvió a ocupar su sitio entre los jugadores, que empezaron a hacer al Cuerudo una sátira sangrienta por haberse metido a tan guapo para que lo corrieran con la vaina, de aquella manera tan vergonzosa.
—Caballeros —dijo severamente Moreira—, el que se burle de este hombre debe hacer lo que él no ha hecho por falta de coraje; no hay que hacerle tanta burla, que al fin y al cabo lo que él hizo lo hace cualquiera en igual caso, y si no vamos probando quién es más guapo que él.
Ninguno de aquellos hombres replicó a las severas palabras de Moreira y las sátiras se helaron por completo en todos los labios.
Desde aquella noche el Cuerudo fue completamente dominado por Moreira, hasta el extremo de ser una especie de peón que tenÃa para mandar a Lobos a bombear si habÃa gente de la guardia provincial o vigilantes de la ciudad que le pudieran impedir dar un paseo por La Estrella.
Pero el Cuerudo guardaba un profundo resentimiento a aquel hombre, resentimiento que el gaucho ocultaba Ãntimamente, esperando el momento oportuno para dejarlo conocer con todo el encono de que se iba sintiendo poseÃdo cada dÃa que pasaba.