Juan Moreira
Juan Moreira Era tal el dominio que Moreira ejercÃa sobre el Cuerudo, que solÃa caer a su casa buscando guarida, lo echaba de su cama y se acostaba a dormir en ella profundamente, sabiendo que aquel hombre no se habÃa de atrever ni aun a pensar en matarlo cuando lo viera completamente descuidado o profundamente dormido.
Dice el Cuerudo que cuando esto sucedÃa, él no podÃa pegar los ojos en toda la noche y si alguna vez se le habÃa ocurrido darle una puñalada mientras dormÃa, se salÃa afuera temeroso de que Moreira dormido, fuese a conocerle la intención y coserlo a puñaladas.
—Yo —añadÃa el Cuerudo—, serÃa capaz de pelear con una partida entera, con veinte hombres como Moreira, pero con él es inútil: se me caerÃa el cuchillo de las manos y no tendrÃa ánimo ni aun para disparar. ¡Ese hombre es el mismo diablo con traje de hijo del paÃs! Moreira conocÃa que la amistad de ese gaucho no le era leal, pero no paraba en ello la atención, confiado en que el Cuerudo se habÃa de medir bien antes de hacerle una traición y conociendo que al fin y al cabo le profesaba un miedo descomunal.
—Cuerudo —dijo una noche Moreira al paisano— esta noche me han ofrecido diez mil pesos y he dado una vuelta de azotes al que me los ofreció, ¿qué te parece?