Juan Moreira
Juan Moreira Moreira abrió por tercera vez la puerta y se presentó armado de un solo trabuco: sin duda el otro se había descompuesto.
El capitán Varela, joven de un valor a toda prueba, y deseoso de medirse de igual a igual con aquel hombre, lo acometió sable en mano, sin lograr herirlo por el momento.
Moreira entonces le volcó el trabuco sobre la cara, pero al volcarlo había caído el fulminante y el trabuco no dio fuego.
Entonces el paisano, riendo siempre, tiró al rostro de Varela su inservible trabuco y saltó al medio del patio, enrollando en el brazo izquierdo su manta de vicuña y blandiendo en la diestra poderosa su terrible daga.
Al saltar Moreira al patio, daga en mano, todo el mundo disparó, quedando sólo en el patio, frente al gaucho, don Pedro Berton y el capitán Varela, que apenas podía moverse a causa del trabuco que recibiera en la articulación de la pierna.
Uno de los vigilantes, que disparaba, pasó en ese momento al lado de Berton, quien le arrebató el rifle para disparar sobre Moreira.
Este, siempre sonriente, siempre despreciativo, sacó del tirador una pistola, puso los puntos a Berton, que se había echado ya el rifle a la cara, y le hizo fuego.