Juan Moreira
Juan Moreira El pulso del gaucho era inalterable a pesar del peligro que corrÃa, y su sangre frÃa asombrosa.
Como prueba de esto, su bala fue a incrustarse en la muñeca derecha de Berton, quitándole toda acción sobre el gatillo.
Moreira pudo disparar el otro tiro y concluir con aquel valeroso joven, pero volvió a guardar la pistola en el tirador, blandiendo de nuevo la daga.
—¡Fuego!, ¡fuego sobre él! —gritaba Berton, oprimiendo su articulación destrozada; pero los soldados se habÃan puesto a respetable distancia.
Entonces el Sr. D. Eulogio Varela, tan bravo como el mismo Moreira, arrastrando su pierna como podÃa, lo atropelló con la espada en la mano.
Y fue en verdad magnÃfico aquel choque, pues si el manejo y la vista de Moreira eran fabulosos, el sable manejado por Varela era un arma terrible.
Aquellos dos hombres se acometieron rápidos y enérgicos, enviándose golpes de muerte.
Nos ha dicho el mismo señor Varela que eran tan hercúleas las fuerzas de Moreira, que no podÃa desviar con la espada los golpes de aquella daga imponderable, que se movÃa en todas direcciones como una culebra de acero en contacto con una pila eléctrica.