Juan Moreira
Juan Moreira En la trastienda no habÃa más gente que Moreira, los paisanos que allà se encontraban a su llegada, el pulpero y un dependiente de catorce a quince años, que estaba dominado por el espanto.
Una sola lámpara de querosene, colgada del techo por un alambre, alumbraba aquella escena fuertemente dramática.
Los paisanos, cuando vieron que se trataba de un duelo, se apartaron y sólo quedaron al lado del mostrador los dos combatientes, midiéndose con la mirada.
Cuando Moreira vio la nueva actitud que asumÃa el pulpero, cuando lo vio apoderarse de la daga y esperar sereno el ataque, le dijo estas palabras:
—¡Asà te querÃa ver, maula! —y lo acometió tirándole un hachazo a la cabeza, que Sardetti evitó volcando el cuello, y respondió con una puñalada tremenda que Moreira adivinó con su vista de lince y que evitó fácilmente con el poncho que pendÃa del brazo izquierdo.
El combate era formidable: las puñaladas se dirigÃan rápidas y mortales por una y otra parte, y aunque la lucha llevaba ya más de dos minutos, ninguno de ellos se habÃa podido herir.
Por fin Sardetti, comprendiendo que la duración del combate podÃa ser fatal para él, porque su enemigo era poderoso y firme, hizo un poderoso esfuerzo y se tendió a fondo en una terrible puñalada.