Juan Moreira
Juan Moreira —Adiós, demonios —pensó Del Campo para sus adentros—. Esta especie de parque humano no puede ser otro sino Moreira. Si de ésta escapo con vida, lo podré contar como milagro.
Tales eran las cosas que de Moreira habÃan contado a Del Campo, que éste creÃa de buena fe que el gaucho era un bandido asesino que se complacÃa en matar por lujo, como se dice en el campo.
Aquel apuesto gaucho encaminó su caballo hacia el del viajero, a quien dio un cortés «buen dÃa, amigo» preguntándole si no habÃa visto en su camino un paisano acompañando a una niña.
Del Campo habÃa visto efectivamente una hermosa paisana acompañada de un hombre de campo que llegaron a la pulperÃa donde él habÃa mudado el caballo. Sin embargo, pensó que aquella pregunta era sólo un pretexto para entrar en conversación, exigirle más tarde el dinero que llevaba y coserlo en seguida a puñaladas para que no pudiera contar la cosa.
—Esta es la introducción y más tarde vendrá la sinfonÃa —se dijo—. ¿Cómo diablos haré yo para salir airoso de ésta, montando tan detestable matungo? —Sin embargo, dominando por completo todo recelo, repuso tranquilamente.