Juan Moreira
Juan Moreira —Efectivamente, paisano; al salir de la pulperÃa donde mudé caballo, llegaba un hombre acompañando a una mujer bastante hermosa, pero no sé si siguieron o quedaron allÃ.
—Esos tienen una larga cuenta que ajustar conmigo —repuso el gaucho tomando un aspecto sombrÃo— y usted, amigo —añadió—, que parece pueblero, ¿adónde le va tirando tan mal montado en ese flacucho? Del Campo creyó inútil ocultar el objeto de su viaje; asà es que mirando al gaucho con una mirada inteligente le contó el objeto de su viaje improvisado.
—Voy —dijo— a casa de Juan Almada (hoy conocemos el nombre del gaucho que habÃa olvidado); yo lo defendà y lo saqué libre cuando estuvo preso, y como él me ofreció su rancho, lo vengo a visitar.
—Es verdad —dijo el gaucho, quedando un poco pensativo—; ño Juan el Chico (lo llamaban asà para distinguirlo de Moreira, conocido por Juan el Grande) mató a uno, según decÃan, dándole dos puñaladas, y por eso lo mandaron a Buenos Aires para fusilarlo, según dijeron en el juzgado.
—Pero yo tuve la suerte de defenderlo —continuó Del Campo—. Probé que era inocente y lo soltaron.
Por eso él me convidó a que viniera a su rancho a pasear cuando anduviera desocupado.