Juan Moreira
Juan Moreira Hemos hablado con los empleados de policÃa que han combatido con Moreira, inválidos todos, y que figurarán a su tiempo en esta narración, y hemos conversado largamente con el capitán de las partidas de plaza de Lobos y Navarro, inválidos también, y todos ellos nos han relatado la honda impresión que producÃa la mirada de Moreira en el combate.
Su pupila se dilataba poderosamente sombreada por la larga pestaña; a sus ojos afluÃa e irradiaba su espÃritu varonil, dominando como la soberbia mirada del león.
Pidió a su mujer un mate y cuando ésta se alejó a prepararlo, Moreira tomó de nuevo entre las suyas la mano de su suegro, y con una expresión de infinita melancolÃa le dijo:
—Me he desgraciado, tata viejo, he muerto a un hombre.
El viejo levantó la cabeza, miró a Moreira a través de un velo de lágrimas y le preguntó sencillamente:
—¿En buena ley? El paisano guardó silencio, pero abrió su saco y mostró coagulada sobre la camisa la sangre de la herida recibida.
—¿Qué piensas hacer ahora, Juan? —preguntó el paisano, envolviendo en mirada sagaz a su yerno.