Juan Moreira
Juan Moreira Las palabras del gaucho eran para ellos el reflejo de sus propias desventuras, y cada cual pensaba en las suyas, recordadas por Moreira.
De repente, uno de los gauchos, el amigo Julián, abandonó su poyo y avanzando hasta Moreira, le golpeó familiarmente el hombro, obligándole a levantar la abatida frente.
Era éste un paisano pobremente empilchado, pero de rostro enérgico, iluminado por una expresión de suma inteligencia.
Su nariz, aguileña y afilada, indicaba la firmeza de su carácter, y a su pupila parda, suavemente humedecida por el enternecimiento que lo dominaba, asomaban los relámpagos de un espÃritu fuerte y bien templado.
Cuando Moreira sintió sobre su hombro el peso de aquella mano, levantó la cabeza y miró al amigo Julián con su ojo escudriñador; aquellas dos miradas se fundieron, por decirlo asÃ, y ambos sonrieron: los paisanos se habÃan comprendido en la expresión de la mirada, y habÃan hecho un punto.
El gaucho de corazón y de prendas de carácter no necesita hablar para ser comprendido por otro gaucho; dotados de una sensibilidad delicada, llegan al corazón con una mirada, en un lenguaje poderosamente elocuente.
Esto habÃa sucedido con Moreira y el amigo Julián, en cuyas miradas habÃa habido una oferta y una aceptación.