Juan Moreira
Juan Moreira Por fin llegó la tarde, y junto con ella la esperanza de ver aparecer de un momento a otro al amigo Julián.
Moreira no habÃa pegado sus ojos a la siesta, que pasó en el mismo desvelo y asaltado por los mismospensamientos que a la noche.
Esta tendió por fin sus negras alas, y la naturaleza quedó envuelta en su poético letargo.
De pronto Moreira pegó un brinco y se precipitó al alero del rancho: su oÃdo finÃsimo habÃa percibido el galope de un caballo, y su corazón, latiendo precipitadamente, le habÃa anunciado la vuelta de Julián.
Al fin iba a saber de los suyos, iba a poder obrar con entera libertad, sabiéndolos en seguridad, pues se imaginaba estarÃan seguros en casa de su compadre Giménez.
El galope del caballo fue haciéndose cada vez más perceptible, hasta que la silueta del amigo Julián se dibujó a través de la escasÃsima claridad de la noche.
Moreira respiró con fuerza, como si en sus pulmones no hubiera habido una sola gota de aire, y un relámpago de suprema alegrÃa cruzó iluminando por un segundo la tempestad de su espÃritu.
El amigo Julián habÃa echado pie a tierra, y después de atar su caballo al palenque, se dirigió a la puerta del rancho.