Juan Moreira
Juan Moreira El aspecto del paisano era sombrÃo, su pisada era valiente y parecÃa querer evitar el choque de la vista de Moreira, que comprendió inmediatamente que las noticias que iba a recibir eran tristes y dolorosas.
—Coraje, amigo Moreira —fue el saludo del paisano—; no todo sale al paladar, y para que algunas cosas salgan bien es preciso que otras se las lleve el diablo; aunque de esta hecha puede que se vuelva con las maletas vacÃas.
—Largue todo el rollo, amigo Julián —dijo Moreira con una especie de sollozo—; largue todo el rollo, que aquà hay suficientes entrañas para recibir las noticias que me traiga: no le haga asco a la relación, por dura que sea.
—Vamos por partes, amigo; que quiero tomar las cosas desde su principio, para que mi cuento salga bien.
Los paisanos entraron a la cocina y se sentaron alrededor del fogón, donde estaba la eterna pava del agua; el amigo Julián vació el mate con que fue obsequiado de entrada y empezó el relato de lo que habÃa sucedido en Matanzas después de la partida de Moreira.
Se hizo el silencio más absoluto y el gaucho habló asÃ: