Juan Moreira
Juan Moreira —Cuando yo caà a su pago, no se hablaba de otra cosa que del hecho de usted, paisano, y de que la partida habÃa salido a perseguirlo con orden de matarlo en donde quiera que lo encontrara, y decir que se habÃa resistido.
Al oÃr esto se vio temblar a Moreira y asomar una feroz expresión de exterminio al terciopelo de sus pupilas.
—Esto será si pueden —contestó sencillamente—, y costándoles algo; siga nomás, amigo.
—El amigo don Gregorio (suegro de Moreira) —prosiguió el paisano Julián—, fue preso con la Vicenta para que declararan dónde se hallaba usted; pero como vieron que no habÃa cómo sacarle una palabra lo han puesto en libertad, sin duda, para que viniera en su busca; pues le dijeron que si usted no se presentaba la pagarÃa con su Vicenta y su hijo. El amigo don Gregorio ensilló y salió a campearlo; pero dicen que ha pegado una rodada tan fiera, que no va a contar el cuento.
A medida que Julián narraba, Moreira iba poniéndose intensamente pálido y un temblor convulsivo movÃa todos sus músculos.