Juan Moreira
Juan Moreira —Su compadre Giménez ha hecho todo lo posible para sacar a Vicenta, pero no la han querido soltar, pues dicen que estando ella presa, usted ha de volver a caer, y para ese caso, el alcalde don Francisco se ha instalado en su rancho con dos soldados de la partida, y allà están de mate y coperÃo.
—No me han de esperar mucho tiempo —respondió Moreira sonriendo, y se levantó de una manera amenazadora.
—¿Qué va a hacer, amigo? —preguntaron al paisano, sospechando ya lo que por su espÃritu pasaba.
—Voy a dar el vuelto a don Francisco —repuso tranquilamente Moreira—, y ya que está en mi casa no quiero que espere mucho.
El paisano salió y empezó a ensillar su parejero, con una serenidad pasmosa; más bien parecÃa que se preparaba para ir a una fiesta de carreras, que para salir al encuentro de la muerte.
El amigo Julián mudaba caballo y otro de los paisanos ensillaba silenciosamente, para ir a acompañar a Moreira, pero éste, adivinándoles el pensamiento e interrumpiéndolos en la tarea, les dijo bondadosamente:
—Gracias, amigos; yo voy solo; no quiero que digan que no me basto para pelear a esos maulas; pronto nos volveremos a ver la cara, pues el corazón me dice que aún no ha llegado mi hora.