Juan Moreira
Juan Moreira Los paisanos desensillaron, mientras Moreira, que ya habÃa apretado la cincha, alzaba el poncho, pasaba una ligera revista a su traje y saltaba sobre su overo bayo, que relinchó de placer al sentir el peso de su jinete.
—Bueno, amigos, hasta la vuelta —gritó Moreira, y el galope de su caballo confundió su eco entre los murmullos de la noche.
—Lo que es yo —dijo el amigo Julián echando de nuevo las caronas sobre su flete—, no lo dejo ir solo. Moreira va caliente y es capaz de hacerse matar. Para eso son los amigos, ¡qué canejo!, y al fin y al cabo uno no tiene el cuero para negocio.
Se despidió de sus compañeros y, guiando su caballo por la rastrillada que dejara el overo bayo, se perdió también entre las brumas de la noche, después de haberse cerciorado de que su daga iba bien segura en el tirador.