Juan Moreira
Juan Moreira Los dos soldados lo acometieron de frente y enarbolaron el sable amagando un hachazo a la cabeza.
Moreira calculó el tiempo con esa habilidad especial del gaucho de avería, y cuando vio caer los dos hachazos, dio un poderoso salto de lado para evitar los golpes y cayó sobre el flanco del soldado que estaba a su derecha, a quien le sepultó hasta la empuñadura su daga en el vacío.
El gendarme cayó sin lanzar la menor queja, como si hubiera sido herido por un rayo.
En seguida, rápido y ejecutivo, cayó sobre el otro soldado, que había quedado sorprendido por la maniobra del gaucho.
Moreira cayó sobre él, le barajó en el poncho el hachazo con que fue recibido y tiró una terrible puñalada.
La filosa daga penetró entre la cuarta y quinta costilla del soldado, que vaciló, dio algunos traspiés y fue a caer pesadamente a los pies del amigo Francisco, que seguramente no se había esperado este desenlace fatal que tan mal colocado lo dejaba como autoridad.
Aquellos dos hombres, víctima el uno y verdugo el otro, se encontraron frente a frente, midiéndose con la mirada amenazadora, sin más testigos que los dos paisanos que estaban allí como clavados, y los dos cadáveres de los soldados de la partida.