Juan Moreira
Juan Moreira Lo que Moreira habÃa previsto sucedió; el juzgado quedó acéfalo y Julián pudo conversar con Vicenta, sin pedir permiso a nadie.
El paisano narró a Vicenta lo que habÃa sucedido y terminó precipitadamente pidiendo el perro que mandaba buscar Moreira.
Julián querÃa alejarse pronto, porque sabÃa que la partida podÃa volver y aprehenderlo como cómplice, sospecha que hizo presente a Vicenta, y además porque le mortificaba enormemente el amargo llanto a que la pobre paisana se habÃa entregado.
Esta dominó su dolor, entregó el perro, que era un cuzquito bayito overo, como el caballo, y volvió la cara, que hundió entre las ropas del niño en los brazos.
Julián tomó el perro, contempló un segundo a aquella mujer tan joven y tan desventurada, y salió como una centella.
Un cuarto de hora después llegaba a casa del compadre Giménez, con quien hablaba a la sazón Moreira; narró el desempeño de su comisión, entregó el perro, que veremos figurar más adelante, y se retiró en seguida discretamente.
Moreira habÃa contado todo a Giménez, que ya lo sabÃa, le habÃa pedido que durante su ausencia cuidara a su mujer y a su hijito, impidiendo que el juez de paz hiciera presa de ella.