Juan Moreira
Juan Moreira Giménez prometió cuidar con el esmero que el paisano reclamaba a Vicenta y a Juancito, y Moreira montó a caballo después de poner al Cacique (asà se le llamaba al perro) sobre las cabezadas, y se alejó acompañado de Julián.
—Antes de irme quiero pedirle un servicio, compadre —dijo el paisano.
—Hable con franqueza, compadre —respondió Giménez—; ya sabe que soy su verdadero amigo.
—Regáleme su par de pistolas de dos cañones, porque ya yo conozco que voy a vivir peleando y no tengo armas de fuego.
Giménez entró al rancho, de donde salió en seguida con un par de hermosas pistolas Lefaucheux que entregó a Moreira y que éste puso adelante, entre su tirador, diciendo:
—Gracias, compadre; pronto nos hemos de ver.
Y los paisanos salieron de allà al tranquito, confundiéndose entre las sombras de la noche.
El cuartel donde pasaron estos sucesos sangrientos estaba en la mayor confusión, la cual se habÃa extendido hasta el pueblito.
Se habÃa buscado en vano a Moreira por los alrededores y, no encontrándolo, la partida habÃa regresado al rancho donde tuvo lugar el drama.