Juan Moreira
Juan Moreira —Espero a la partida para pelearla; quiero que sepan de lo que soy capaz y se convenzan de que no hay partida que me venga bien.
Como se ve, la temeridad de Moreira no reconocÃa lÃmites.
SabÃa que un hombre guapo no sellaba sus hechos si no habÃa peleado a la partida, que es la demostración más positiva de valor que puede hacer un gaucho, y la esperaba, para dejar antes de irse bien sentada su fama de guapo.
—Es preciso que usted se vaya —dijo a Julián—; no quiero que digan que me hago acompañar porque tengo miedo, o porque no me considero suficiente.
—Yo no me voy, compañero, ni me separo de usted en este trance, soy su amigo y lo he de acompañar hasta que lo vea irse del pago.
—Váyase, amigo Julián; ya sé que es usted un hombre de coraje y que habÃa de pelear conmigo hasta morir, pero este dÃa quiero pelear solo a toda la gente que venga a prenderme. Váyase, que no hay necesidad de que por mà se vea usted perseguido, y tenga presente que si se queda, he de mirarlo como a enemigo.
—Yo no me voy —volvió a decir el amigo Julián—, le prometo dejarlo pelear solo y no meterme en nada, pero yo quiero verlo pelear y acompañarlo en seguida hasta mi pago, donde podrá estar unos dÃas en seguridad.