Juan Moreira
Juan Moreira Moreira estrechó cordialmente la mano de Julián, y no habló más del asunto.
SabÃa que en estas situaciones el gaucho cumple siempre lo que promete y que es capaz de respetar la voluntad de un amigo hasta el extremo de verlo pelear sin prestarle ayuda a pesar de los impulsos del corazón.
Los paisanos salieron fuera de la pulperÃa y se acercaron al palenque donde estaban atados sus caballos.
Empezaba a amanecer y las golondrinas pasaban como flechas sobre las cabezas de los dos paisanos, saludando la hermosa mañana que empezaba a dibujarse entre las sombras de la noche.
Moreira se acercó al overo, le puso el freno que le quitara a su llegada para que pudiera comer su pienso, y le apretó la cincha después de revisar el apero con esa minuciosidad del que conoce que en el caballo está muchas veces la salvación de quien va a combatir de una manera tan desigual.
Su práctica en las persecuciones a los indios le habÃa enseñado a revisar bien el caballo antes del combate, y él observaba esto cuidadosamente, haciéndolo extensivo hasta su daga.
Asà es que, después de concluido el arreglo del caballo, sacó sus pistolas y su terrible daga, que examinó haciendo jugar los muelles de las primeras y blandiendo la hoja de la segunda, como para asegurarse de que estaba firme en el cabo.