Juan Moreira
Juan Moreira —Vuélvase, amigo, usted es muy mozo para prenderme a mÃ, vaya a hacerse limpiar las narices y después vuelva.
Esta chuscada sarcástica, dicha con una gracia infinita, hizo sonreÃr a algunos a pesar de lo imponente de la situación; aquello era provocar a aquel joven, que tal vez venÃa allà a su pesar.
Las palabras de Moreira, aquella sátira despreciativa, le hicieron tener un movimiento de ira reconcentrada, y picando su caballo hacia Moreira, dijo por última vez:
—Dese usted preso, amigo, o tendré que matarlo para cumplir la orden que traigo.
—Pues a matarme —dijo el paisano, sacando del tirador el par de pistolas que le regalara su compadre Giménez y amartillándolas.
El capitán y el sargento atropellaron a un tiempo con el sable enarbolado, tratando de ganar al paisano el lado de montar.
Aquello fue como un relámpago, pero un relámpago de muerte.