Juan Moreira
Juan Moreira Moreira, ágil y sereno, se protegió contra los encuentros del caballo del capitán, que se habÃa adelantado mucho sobre el anca del overo, hizo punterÃa, y antes que aquél pudiera bajar el sable, se sintió una detonación doble casi simultánea, y aquel joven desgraciado cayó de espaldas sobre el anca del caballo, que disparó dando con su cuerpo en tierra a pocos pasos de distancia.
—¡A él! ¡Mátenlo, no lo dejen escapar! —gritó el sargento cargando sable en mano sobre Moreira, que lo esperaba sereno, apuntándole con las pistolas, que conservaban un cañón cargado.
Moreira habÃa creÃdo detener al sargento con su actitud y tomarse el tiempo necesario para montar a caballo, pero se vio cargado por toda la partida y volvió a hacer fuego, enviando al sargento la muerte, por decirlo asÃ, envuelta en el fogonazo de un disparo.
El sargento dio un grito y soltando el sable llevó su mano al costado derecho, donde habÃa recibido un proyectil.
El resto de la partida le habÃa ganado el lado del caballo, y lo cargaba, aunque débilmente, impresionada por la muerte del capitán y del sargento.
Moreira pasó por debajo de su caballo, y volvió a quedar protegido por el cuerpo del animal.