Juan Moreira
Juan Moreira TodavÃa estaba allà conservando la misma actitud que le vimos al principio de la lucha el amigo Julián, completamente dominado por la emoción.
Moreira le tendió la mano, y Julián le dio un abrazo tan estrecho que, como dice Estanislao el Pollo:
Sus dos almas en una acaso se misturaron.
Julián habÃa abrazado a Moreira con el placer inmenso que le causaba la resurrección del gaucho, a quien habÃa visto muerto más de diez veces durante aquella lucha encarnizada; habÃa en su abrazo toda la efusión de un cariño profundo y reconcentrado.
El abrazo de Moreira habÃa sido de Ãntimo agradecimiento. En la actitud asombrada del paisano, en su mirada ansiosa aún, Moreira comprendió que aquel hombre habÃa sufrido el esfuerzo supremo que habÃa tenido que hacer para no prestarle ayuda, y se sintió conmovido.
—Gracias, amigo Julián —dijo Moreira—; ya sé que para correr a esos maulas basta un hombre solo; asà son todos, amigo; asà son todos.
Y habÃa en el gaucho una convicción profunda al decir aquellas palabras; se conocÃa que con la misma serenidad que habÃa luchado con aquella partida desgraciada estaba dispuesto a luchar con todas las que le salieran al camino, en la seguridad de obtener el mismo asombroso resultado.