Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón Y ahora me resta sólo presentar mis excusas por el estilo rudo de mi narración. Más acostumbrado a manejar el rifle que la pluma, no puedo pretender, y mucho menos ofrecer, esos grandes giros literarios y flores retóricas que veo en las novelas —las que a veces también me agrada leer—. Acepto que ellos sean convenientes y deploro no poder brindarlos; pero al mismo tiempo pienso, sin poder evitarlo, a pesar de que tal vez carezca de autoridad para establecer una opinión sobre el particular, que las cosas impresionan más cuanto más sencillas son, y se entiende mejor un libro a medida que es más llano su lenguaje. «Una espada afilada —dicen en Kukuana— no necesita pulimento»; y de igual manera me aventuro a creer que una historia verdadera, por extraordinaria que parezca, no requiere el adorno de las frases.
ALLAN QUATERMAIN.