Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón —¡Ved a vuestro rey! —terminó el viejo Infadús señalando hacia Ignosi— pelear hasta caer por él, es el deber de los bravos; y maldición y vergüenza caiga para siempre sobre el nombre de aquel que le acobarde la muerte en defensa de su rey o vuelva infame la espalda al enemigo. ¡Ved a vuestro rey! jefes, capitanes y soldados; rendid vuestros homenajes a la sagrada serpiente y ¡adelante! que Incubu y yo os guiaremos por glorioso camino al mismo corazón del ejército de Twala.
Hubo un momento de silencio, de pronto partió de las apretadas falanges suave rumor, semejante al susurro de lejano oleaje, causado por el tenue golpear de las astas de seis mil lanzas sobre los escudos de los que las blandÃan. Lentamente fue creciendo hasta convertirse en ruido atronador que, cual el fragor de tempestuoso mar, conmovió la atmósfera y se reflejó en las distantes montañas; entonces decreciendo gradualmente y como el rugir de tempestad que pasa, vino a morir dulcemente y, apenas se apagó, llenó el espacio cual estampido de colosal sonora del saludo real.