Las Minas del Rey salomón

Las Minas del Rey salomón

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Bien orgulloso debía sentirse Ignosi en ese instante, pensaba yo, porque jamás un César fue saludado así por los gladiadores «que van a morir». Ignosi contestó a este magnífico homenaje, levantando su hacha por encima de la cabeza, y los Grises desfilaron en columna compuesta de tres líneas, cada una de mil hombres, sin contar a los oficiales. Cuando la línea de retaguardia hubo andado quinientas varas, se puso a la cabeza de los Búfalos, ya dispuestos en igual formación, dio la voz de marcha, y a nuestra vez la emprendimos; por mi parte, y casi es inútil lo diga, haciendo de corazón mil promesas para que el Cielo me sacara del lance sin deterioro de mi salud ni de mi piel. En muchas y apuradas circunstancias me he encontrado; pero nunca en una tan desagradable como la presente, ni en la que mis probabilidades de salvación fueran tan escasas.

Al llegar al borde de la meseta, los Grises ya estaban a mitad de la pendiente, que bajaba a la estrecha y cercada llanura; y percibimos gran agitación en el campo de Twala, situado a nuestro frente, de donde los regimientos salían a la carrera, unos tras otros, con el fin de cerrar la entrada de aquella especie de seno e impedirnos desembocar en la planicie de Loo.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker