Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón —Bien, como ustedes pueden suponer, por regla general, los cazadores de elefantes somos incultos, rudos y apenas nos inquietamos por algo, fuera de las realidades de la vida y las costumbres de los kafires. Sin embargo, a veces se encuentra a alguno, que se toma la molestia de recoger las tradiciones de los nativos, para hacer con ellas un poco de la historia de este obscuro continente. Un hombre de esta clase, fue el primero que me contó la leyenda de las minas de Salomón, hará como treinta años, cuando efectuaba yo mi primera cacerÃa de elefantes en el paÃs de Matabele. Se llamaba Evans: fue muerto al siguiente año ¡pobre compañero! por un búfalo herido, y sus restos están enterrados cerca de las cascadas de Zambesi. Recuerdo que una noche le referÃa las magnÃficas obras que habÃa descubierto, mientras cazaba antÃlopes y kudúes en lo que ahora es el distrito de Lydemburgo en el Transvaal. Sé que las han explorado últimamente en busca de oro, pero ya las conocÃa yo años atrás. Encuéntrase allà un ancho camino carretero abierto en la roca, el que conduce a la entrada de una galerÃa, y en ella, cerca de su boca, se ven trozos de cuarzo aurÃfero convenientemente hacinados para la trituración, lo que prueba que los trabajadores, fueran quienes fueran, abandonaron aquel sitio en precipitada fuga; y más al interior, como a veinte pasos de la entrada, un trozo de galerÃa edificada transversalmente, que es en realidad, un precioso trabajo de mamposterÃa.