Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón —¡Bueno! —dijo Evans— pero yo les contaré algo aún más curioso que eso, y pasó a referirme cómo internándose mucho en el paÃs, dio con una ciudad arruinada, que él creÃa era la Ophir de la Biblia, lo que, entre paréntesis, han venido a suponer otros hombres más entendidos, largo tiempo después que el pobre Evans lo dijera. No puedo olvidar le escuchaba con gran atención, porque como joven al fin, la relación de todas esas maravillas de la antigua civilización y la de los tesoros que los aventureros hebraicos y fenicios extraÃan de una tierra, ha tanto tiempo sumida en la más profunda barbarie, se apoderaban por completo de mi imaginación, cuando repentinamente me preguntó:
—Muchacho, ¿has oÃdo hablar alguna vez de las montañas de Sulimán, allá hacia el Noroeste del paÃs de Mashukulumbwe?
—Nunca —le contesté. Pues bien, allà es en donde realmente Salomón tenÃa sus minas, sus minas de diamantes, quiero decir.
—¿Cómo lo sabe usted?