Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón Nos entristeció mucho separarnos de él; Good lo sintió tanto que le dio como recuerdo ¿qué piensan ustedes? pues nada menos que un lente; uno que llevaba reservadamente de repuesto. Este presente encantó a Infadús, no desconociendo lo mucho que acrecentaría su prestigio la posesión de aquella prenda, la que después de varias infructuosas tentativas, logró tener delante de su ojo derecho. Y por cierto que no he visto cosa más rara que el aspecto del viejo general con el citado vidrio. Palpable es, que, lentes no hacen juego con zamarra de piel de leopardo y penachos de plumas de avestruz.
Entonces, habiéndonos asegurado de que nuestros guías llevaban abundante prevención de víveres y agua, aturdidos por el atronador saludo de despedida que nos dieron los Búfalos, apretamos con efusión la mano del viejo veterano y comenzamos nuestro peligroso descenso. Ardua cosa fijó aquella marcha cuesta abajo, pero al fin y sin accidente alguno, a la puesta del sol nos deteníamos en la planicie.
—Saben ustedes —dijo sir Enrique aquella noche, mientras sentados alrededor de una hoguera, mirábamos la unida cresta que corría por encima de nuestras cabezas— saben ustedes que hay en el mundo parajes peores que Kukuana, y que he pasado temporadas más infelices que la de estos dos últimos meses, aunque jamás me han ocurrido sucesos tan singulares.