Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón —¡Ojalá pudiera volver a lo pasado! —dijo Good exhalando un suspiro.
Por mi parte reflexioné que todo es bueno cuando termina bien; pero que nunca, en una larga vida de apuros, habÃa pasado por otros como los que recientemente experimentaba. ¡El recuerdo de la batalla todavÃa me helaba la sangre, y en cuanto a nuestros sufrimientos en la recámara del tesoro!…
A la siguiente mañana, emprendimos una fatigosa marcha por el desierto, llevándonos los cinco guÃas una buena cantidad de agua, y acampamos por la noche al raso, prosiguiendo el viaje con el alba del consecutivo dÃa.
A mitad del tercero de nuestra jornada, descubrimos los árboles del oasis de que los guÃas hablaban, y una hora antes de la puesta del sol, caminábamos otra vez por encima de las hierbas y oÃamos el suave rumor de un arroyuelo.