Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón —Mi querido hermano —exclamó al fin sir Enrique— ya te creÃa muerto. He cruzado la montaña de Salomón en busca tuya, y ahora, cuando menos lo esperaba, te encuentro, semejante a un viejo Aasvögel (buitre) escondido en el desierto.
—Hace dos años yo traté de atravesarlas —contestó con la voz vacilante del hombre que por largo tiempo no ha tenido oportunidad de hablar su idioma— pero al llegar aquÃ, una pesada piedra se me desplomó sobre esta pierna y me dejó imposibilitado para seguir adelante o retroceder.
En este momento Good y yo nos aproximamos a ellos, y le saludé.
—¿Cómo está usted, señor Neville? ¿ya no me recuerda usted?
—¡Vaya! ¿no es usted Quatermain? ¡Hola, y Good también! Sostenedme un momento, amigos, me acomete otro vahÃdo… ¡La sorpresa es tan grande! ¡después de haber perdido toda esperanza, ser tan feliz!