Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón La triple explosión de nuestros rifles siguió rápidamente a mi palabra, y el elefante de sir Enrique cayó, como herido por un rayo con el corazón partido de un balazo. El mío dobló las rodillas, cuando creía verle rodar por el suelo, volviose a levantar, y, lanzándose en precipitada carrera, pasó cerca de mí; pero le traje a tierra con una nueva bala que le clavé entre las costillas y, cargando al mismo tiempo que corría hacia él, puse, con otra que le metí en el cerebro, término a la agonía del pobre animal. Entonces volvime para ver cómo Good se las había arreglado con su coloso, cuyos chillidos de cólera y dolor escuchara mientras remataba al mío; al acercarme al capitán le encontré en un gran estado de excitación. Parece que su elefante, al sentirse herido, dirigiose furioso contra su agresor, quien apenas tuvo tiempo para separarse de su dirección, continuando en su ciega acometida en sentido de nuestro campamento. Mientras tanto, la manada, presa del pánico, había desaparecido por el lado opuesto.