Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón Discutimos por corto tiempo si debíamos perseguir al elefante herido o continuar tras la manada, y decidiendo esto último, partimos seguros de que nunca más pondríamos los ojos en sus enormes colmillos. ¡Ojalá así hubiera, sido! Fácil cosa fue continuar nuestra persecución, porque los elefantes, en su desesperada fuga, habían aplastado el tupido arbusto como si fuera endeble hierba, dejando un rastro que parecía un camino carretero.